Competición

Crónica de las 100 Millas Sierras del Bandolero 2020


¡Acabé con la maldición de las 100 millas! ¡Por fin! Sabía que tenía la capacidad de hacerlo, pero por una cosa o por otra nunca pude demostrarlo. En el 2018 se recortaron las 100 Millas Sierras del Bandolero a 130 kilómetros y, además, terminaron neutralizaron la carrera en el kilómetro 120 debido al mal tiempo. En el 2019 abandoné las 100 Millas Sierras del Bandolero en el kilómetro 60 por una lesión en el dedo del pie. También en el 2019 abandoné las 100 Millas Vuelta al Valle del Genal en el kilómetro 30 por problemas estomacales. Pero el pasado fin de semana, el 7 de marzo de 2020 – fecha que grabaré a fuego para el recuerdo – crucé el arco de meta de las 100 Millas Sierras del Bandolero.

Y si esto suena a éxito, que lo es ¡y muy grande!, espera a que te cuente como fue toda la carrera.

Prado del Rey a Villaluenga del Rosario

Salí algo desbocado desde Prado del Rey, con unos ritmos vertiginosos entre 4′ / km y 4′ 30′ ‘ / km. Así 12 kilómetros hasta llegar a la localidad de El Bosque. Pasé a un ritmo alto el Cerro de Albarracín, Llanos del Campo y llegué a Puerto de El Boyar en el kilómetro 29 en 3h 20’. En la larga subida al Simancón empecé a encontrarme un poco mal, con ganas de vomitar – ¡Otra vez no! ¡Otra vez igual que en Genal no, por favor! – O bien el ritmo que llevaba en carrera no era el mio, o bien el no comer nada consistente en el Puerto de El Boyar me había pasado factura. Y es que a diferencia del año pasado, que había algún bocadillo, el avituallamiento del Puerto de El Boyar era bastante escaso, sin nada consistente que echarse al estómago. Solo unas golosinas y queso. Decido bajar el ritmo y evaluar la situación en Villaluenga del Rosario en el kilómetro 42, dónde llegué en 5h 32′ de carrera. Me comí dos sándwiches y un poco de pasta, y empecé a encontrarme mejor.

Villaluenga del Rosario – Ronda

Decido salir hasta Montejaque con un ritmo un poco más relajado y volver a evaluar allí la situación. Pero ya cuando iba por los Llanos del Republicano empecé a encontrarme otra vez casi al 100%, aunque quería ser prudente porque todavía quedaba mucha carrera por delante. El viento soplaba de cara y había mucha humedad, así que había que tener cuidado de que el frio no te cortara el cuerpo. Había que intentar mantener un buen ritmo y que no se enfriase el cuerpo. Al llegar a Montejaque, en el kilómetro 60, en 7h 53′, ya se me habían pasado todas las penas. Iba además 8º de la general. Tranquilo me zampé otros dos sándwiches y puse camino de Ronda. Era la primera vez que pasaba de este punto. En el 2018 había que volver por el mismo camino, y en el 2019 en Montejaque fue donde abandoné. La subida a la ermita la hice como un tiro, y luego la bajada buscando Ronda a un ritmo medio alto – ¡Volvía a meterme en carrera! -. Llegué a Ronda en el kilómetro 68,5 en 9h exactas, justo el tiempo que había planificado – ¡Vamos! -.

Ronda – Villaluenga del Rosario

Prácticamente en el ecuador de la carrera, comienza el camino de vuelta a Prado del Rey. Después de cambiarme la térmica y comerme otro sandwich, salgo en dirección Benaoján. La soledad desde la salida de Ronda era abrumadora. Son las 3 de la mañana. Justo al llegar a Benaoján un cartel enorme indica que hay que pasar obligatoriamente por el punto de control, situado en el pueblo. Empiezo a seguir las balizas y me meto sin querer en el sendero del Guadiaro que va a Jimera de Libar. Cuando había avanzado 3 o 4 kilómetros por el sendero, me doy cuenta que el pueblo de Benaoján lo había dejado detrás – ¡Me había saltado el punto de control! Os juro que no había visto la indicación que te desviaba hasta el punto de control -. Decido llamar por teléfono a la organización y les cuento la papeleta. Les hago entender que acepto que me penalicen el tiempo que se pierde en ir y volver al punto de control, pero que no me hagan volver atrás. La organización entiende la situación, me dan un tirón de orejas y me dejan seguir. Y menos mal, porque haberme hecho volver hasta el punto de control me hubiera destrozado y desmoralizado, hasta el punto de tener que abandonar la carrera por no volver a levantar cabeza. Seguro.

Sigo mi rumbo a Jimera de Libar y luego Cortes de la Frontera ya en el kilómetro 103, en 13h 33′. Salía desde Cortes el 6º de la general, y me ponía en marcha en dirección a Villaluenga del Rosario. Por el camino, en la bajada del Puerto del Correo, me engancho con mi compañero de equipo Daniel Marchán, con el que hago junto el resto de la carrera. Llegamos a Villaluenga del Rosario en el kilómetro 117, en 15h 45′, justo 15 minutos antes de lo previsto. Eran las 10 de la mañana – ¡Todo sigue viento en popa!.

Villaluenga del Rosario – Prado del Rey

En Villaluenga del Rosario me quito el chubasquero y la térmica y me pongo una ropa más cómoda, de manga corta. Amador había pasado 15 minutos antes de nosotros, y Alfi a 30 minutos. Así que intentamos Dani y yo hacer un esfuerzo de recortarles algo de tiempo en el tramo técnico desde Villaluenga del Rosario a Grazalema. La subida a la Charca Verde la hicimos fuerte, pero la bajada se nos atragantó. Y es que ya las piernas pesaban. Llegamos a Grazalema en el kilómetro 129, en 17h 58′. Hicimos un buen tiempo, pero apenas pudimos recortarle nada de tiempo a los dos corredores que teníamos delante. Es más, ellos nos sacaron unos minutos a nosotros. Así que cambiamos un poco el chip y nos dedicamos a sobrevivir e intentar no arriesgar y cometer ningún error que nos hubiera podido costar la carrera. Hicimos una buena bajada desde el Puerto del Boyar, donde nos encontramos con la cabeza de carrera de la Bandolerita que subía ya cerca de los Llanos del Campo. Llegamos a Benamahoma en el kilómetro 140 en 19h 50′. A partir de aquí ya apenas quedaban tramos de subida, pero tampoco había piernas para apretar. Al corredor que venía detrás le sacábamos bastante distancia y los que iban delante se nos habían escapado, así que desde Benaoján fuimos hasta El Bosque prácticamente andando y trotando. Y por fin, llegamos a Prado del Rey en el kilómetro 160, en 22h 45′ minutos. Entramos Dani y yo juntos el 6º y 7º de la general, y 3º y 4º de la categoría.

Conclusiones

¡La carrera soñada! Todavía no me lo creo. Si me dicen que iba a bajarla de 23h no me lo creería, pero si encima me dicen que llegando a Grazalema en el kilómetro 30 iba a tener cerca a grandes corredores como son Alfi y Amador, menos todavía.

La carrera la había preparado a conciencia, de eso no hay duda. Aquí nadie me ha regalado nada. Pero nunca hubiera pensado que alcanzaría un rendimiento tan alto. Estoy sorprendido conmigo mismo y de las capacidades que uno puede llegar a desarrollar. Los entrenamientos que he diseñado para la ultra distancia han funcionado, porque os recuerdo que no tengo entrenador personal. La alimentación también ha funcionado, y es que a base de prueba y error en tantas carreras, he dado con un método que a mi personalmente me funciona, tanto en la previa como durante la carrera.

No se si volveré a conseguir algo más grande todavía que esto, pero sin duda alguna este resultado y el rendimiento en carrera es un chute de moral y autoestima para preparar las siguientes carreras. Cuando pase el temporal del virus que azota a medio mundo y todo vuelva a la normalidad, ya veremos que nuevos retos nos proponemos.

Os dejo con el vídeo documental que grabé.

Foto cabecera: Chito y Zima Visuales

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